Cuaderno de bitácora de la travesía musical que realizan los cantautores Nino Sánchez y Amparo García-Otero
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lunes, 1 de junio de 2009

Terciopelo castellano


¿Cuando descubrieron mis ojos el paisaje castellano? Mi padre, por su trabajo, viajaba mucho por toda Castilla y a veces mi madre y yo le acompañábamos, antes de nacer mi hermano. Tengo vagos recuerdos de la primera vez que estuve en Segovia o en Ávila. Yo nací en Valladolid y me crié en sus calles, en sus parques y en la imagen de esas tierras. Sin embargo tengo consciencia de un "descubrimiento" que siempre ha acompañado mis recuerdos. Fue en Burgo de Osma (Soria), más concretamente en La Rasa, donde estaba situada la vieja estación del ferrocarril. Pasábamos el verano en el Burgo, era agosto, un agosto cálido y sencillo, jugábamos en la plaza al "calderón" un juego infantil que en Valladolid se llamaba "la tanga".

Yo tenía seis añitos y una de aquellas tardes nos acercamos a La Rasa, a la estación que cité anteriormente. No sé ni recuerdo la razón, pero sí conservo la imagen y la sensación que me provocó aquel lugar, quieto, callado, con un viejo vagón de madera reposando en el olvido de una vía muerta, como un objeto ya caduco. Me separé un momento de mis padres y allí en el campo sentí el abrazo suave del atardecer, un atardecer que caía lánguido, lento y solitario sin más acompañamiento que el canto de algún grillo o alguna chicharra. Fue una sensación de terciopelo, de cadencia musical, de elevación, como si el tiempo y el espacio se hubieran detenido y yo con ellos, más aún, por encima de ellos, confundida, mezclada con ese atardecer que me hacía suya y me mostraba los secretos de la verdad más indiscutible: la naturaleza, la creación, el sentimiento de formar parte de un todo. Con sólo seis años recibí aquella tarde la lección más bella de toda mi vida: la certeza de que lo creado es algo más que materia, es vida y esa vida está conectada de alguna forma con el interior de cada uno de nosotros. Por supuesto fue sólo una vivencia que deshilé con el tiempo en palabras y pensamientos. Tal vez por eso cuando hablo de Castilla como paisaje, en el fondo deseo compartir ese mensaje que me dejó el terciopelo castellano de aquella tarde de agosto.

Y cambiando de tema, la barcaza de los juglares del Duero se va hacia el Mediterráneo. Hacia Gandía, donde presentamos el trabajo:

SALA GANDÍA. Edificio Fomento. C/ San Francisco de Borja 56.
Día 19 de junio a las 20 horas.

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